CORTITOS
I
¿Mencionaste
a tu psicoanalista
la incontrolable agresividad, hacia mi persona?
Nunca le dije que estoy casada -respondió –
mientras aseguraba el filo de su daga
en los bordes, de mi vientre.
II
De todas las escaleras disponibles
me ocupo siempre
en desechar la que va hacia abajo
para no anticiparme, a la voluntad del cielo.
III
Finalizada la sesión,
la psicoanalista
demoró mas de lo habitual:
no hallaba en su monedero verde el cambio,
que yo requería.
IV
Como
desde hace ciento setenta y cinco años,
celebra el nacimiento de los retoños,
la presencia mi abuelo,
que plantó el árbol.