AMANECIENDO
Derrama
como venas de un rio muerto
las calles aún dormidas
su aflicción.
Amarilla la súplica
tartamudo semáforo
de las tiendas por abrir.
La primera luz lame
cuerpos desanudados
por sobre las rendijas.
Mucho, mucho ruido
ordena parir el día
y escaparme fugaz
de las estrellas.
Daniel O. Requelme
