CARBONERO
la dulce nostalgia de los días
estaciona mi niñez
un taburete manchado de oscuro.
Mago.
Los dedos anudan
sin protesto
la cosecha de Arpillera.
Dispara sus venas
la sangre de Vigo.
El orgullo
estruja su frente.
Perlas de sal
el viento las dona
a esos hijos
que él ampara.
Daniel O. Requelme

