EL INGENIERO
La impaciencia
de las piedras
harta mis dedos.
Tantea el pensamiento
los ciegos plazos
de la locura.
Huyendo del perfumado fluir
de las rectas muy rectas
al amparo de suaves
bellas curvas de ocasión.
Y
cuando voy a las estrellas
puebla el ojo su extravio
en busca
de la palabra ausente.
